jueves, 28 de febrero de 2019

Un Viaje con "Angelito"


Acompañé a un amigo al funeral de su pequeña nieta; que falleció a los 14 meses por un mal congénito del corazón. 
Nunca serán suficientes los "Pésames" que sentidamente uno les exprese en una situación así.
Pero, aún así, de nuevo reitero Mi Más Sentido Pésame, a Mina tu hija, a su esposo, a tu esposa y a tí, mi amigo...

Durante el velatorio, mi amigo me dijo, mientras estábamos mirando a la pequeña tras el cristal del también pequeño ataúd:
"-¿Recuerdas mi Artu, cuando de jóvenes hicimos aquél viaje a la sierra dónde conocimos al "Angelito" aquél...?"
Si que lo recordaba, y más en estos penosos momentos, ese recuerdo me ha acompañado de siempre, y en los funerales a los que he ido, regresa siempre a mi memoria; y prosiguió mi amigo:
"-Nunca pensé que yo me preguntara lo mismo que esa noche nos preguntó la señora aquella. Cuenta la historia, mi Artu, cuéntala por favor, quizá alguien ya tenga alguna respuesta que, aquella vez lejos en el tiempo, sigue sin respuesta para mí."
Y sigue sin respuesta para mí también; el tiempo no puede generar una respuesta a una pregunta como aquella.
Si poco sabemos de la vida, nada sabemos de su eterna compañera, la muerte.

Así era la historia aquella: 

Cuando éramos jóvenes, aprovechábamos cualquier tiempo de vacaciones para ir a La Sierra Tarahumara, a Las Barrancas del Cobre, a La Cascada de Basaseachi; sólo nos juntábamos dos o tres amigos, a veces más y nos íbamos mochila a la espalda, a visitar a la belleza natural que tenemos en el estado de Chihuahua. Era un viaje de bajo costo porque hacíamos mucho recorrido "de aventón", forma de viajar hoy imposible por la inseguridad que el narco mantiene en toda la zona serrana; qué lástima...
Ésa vez íbamos hacia La Cascada de Basaseachi a casi 300 Km de la ciudad de Chihuahua capital. Nos habíamos ido en el tren carguero hasta la ciudad de "La Junta", de trampa, obvio; ésa ciudad está quizá a mitad del camino, y de allí esperábamos tomar un "aventón" en algún camión carguero de los muchos que circulan por allí en la carretera 16.

Tuvimos mala suerte ese día y agarramos aventón ya tarde casi empezando a anochecer. El camionero aquel era un señor adulto mayor muy buena onda, muy "platicador" y más "malhablado" que  cualquier actual comediante de Monterrey (donde dicen que en esa ciudad, Monterrey, ya hay más comediantes y comediantas malhablados que taxistas). Pasando el poblado de "Tomochi", el camionero nos dijo que iba a detenerse sólo un momento en una ranchería que quedaba a un lado de la carretera:
"-Voy a saludar a unos compadres que tienen "Angelito-Nos dijo con gesto sombrío-.
Nunca habíamos oído esa expresión, así que aceptamos calladamente. 

Por un pedregoso camino llegamos a un caserío mal iluminado por unos focos sucios y amarillentos. Casi al final de la calle principal se miraba algo de gente afuera de una casa. El camionero nos invitó a acompañarlo. Entramos a un lugar iluminado por velas y allí, al centro sobre una mesa de madera, estaba tendido el cuerpecito de un niño muy pequeño. Parecía que dormía, con un vestidito blanco blanco y una corona de flores, a pesar de que se veía que era un baroncito. 

Pero el niñito no dormía, estaba muerto; si estuviera vivo, estaría en su cuna, que se miraba vacía y desnuda, arrinconada en la semi oscuridad de aquel lugar. Miramos a hombres con los ojos sombríos sentados en el suelo, recargados en las desnudas paredes de barro seco. Silenciosos bebían de una botella que iban pasando de mano en mano. Tomamos un lugar junto al hueco de una puerta y el camionero nos dijo: 
"-Sólo nos quedaremos un ratito y luego retomaremos el camino, porque voy retrasado..."

Bebimos varias veces de esa botella de fuerte licor, alcohol barato pero que quita el frío que se siente en esas noches serranas por siempre de los siempes, heladas.

Varias mujeres de todas las edades estaban de pie alrededor del "Angelito", rezando quedamente y susurrando frases que no alcanzamos a escuchar. Quienes iban llegando saludaban ceremoniosamente a un hombre de cara y gesto toscos y a una mujer de mirada triste, siempre mirando al piso. Los abrazaban tocándoles apenas los hombros, e inclinaban la cabeza ante ellos; los que traían sombrero, se lo quitaban y lo movían, nerviosos, entre sus dedos. 

Todos les murmuraban lo mismo: "Pos que el "Angelito" se miraba muy chulo con su vestidito blanco de "Angelito"; Pos que ya tienen un "Angelito" en el cielo y que ese "Angelito" los va a cuidar desde allá; Pos que solo Dios sabe porqué hace esas "sus cosas", Pos que... pero el hombre no cambiaba su semblante hosco y la mujer no deja de mirar tristemente hacia el piso de tierra apisonada.

El aire se puso muy espeso, por lo que los tres salimos a tomar un poco de aire fresco de la fría noche. Tras nosotros salió también la mujer de mirada triste y se dirigió a nosotros tres:
"-Hola Jóvenes de la "ciudá" -Que nos habla con timidez-. "-Nos dice el compadre Chon (el camionero) que ustedes son estudiantes de la "universidá" y que seguramente han leído "munchos" libros y saben "munchas" cosas que acá en el pueblo nunca llegan. Perdonen "astedes" la pregunta..." -Nos dice luego de una larga pausa, sin subir del suelo la triste mirada- "-¿A porqué se mueren los niños...? Yo nomás tenía éste, y lo cuidábamos requete mucho, y se me murió. ¿Porqué sería, jóvenes, porqué...?"

Los tres escuchamos esa pregunta: como venida del fin del mundo, como venida de una galaxia muy muy lejana, como venida del final del tiempo. Solo alcanzamos a mirarnos los unos a los otros a decir cosas como: "-Es la voluntad divina, seño" -Dice uno de nosotros-. "-Las enfermedades atacan más a los niñitos pequeños" -Balbuceo yo-. "-Mire seño, seguramente Dios le mandará pronto otro hijo..." Y otras vaciedades dichas porque estamos completamente rebasados por esa situación y nunca tendríamos una respuesta preparada para esa pregunta hecha por ésa mujer tan... única...
"-No jóvenes, no..." -Nos contó, sollozando quedamente y con la mirada baja- "-Cuando tuve éste que se me murió, quedé muy lastimada de "los adentros". Y me dijo la partera que ya no tendré otra criaturita... Y por éstas tierras los maridos largan a las mujeres que no pueden tener hijos y se consiguen a otra que sí..."

Y ahora, en silencio y mirando los tres ese cielo espléndidamente estrellado de la fría noche serrana, nos preguntamos si realmente alguien en este ancho mundo, tendrá respuesta válida y razonable para darla a ésta mujer que sufre la pérdida injusta de su hijo y su rechazo natural a tenerlo de "Angelito" en el cielo...

Ahora, a pesar de todos los estudios, y a pesar de todos los libros leídos, y a pesar de vivir en la "ciudá", nos damos cuenta de que, como dije al principio: poco sabemos de la vida, y nada sabemos de su eterna compañera, la muerte...

martes, 19 de febrero de 2019

Antiguas prácticas que extraño...

Muchas cosas ya no se usan y se extrañan. 
No diré que tiempos pasados fueron mejores; porque de sobra sé que el "Presente" es el tiempo perfecto, porque "siempre" estamos viviendo en él, en el "Presente".
El "Pasado" ya tuvo su oportunidad de ser y el "Futuro" una esperanza será; pero lo de hoy y lo del día a día, será el "Presente". 
Vale recordar entonces aquello de: 
"El Ayer es Historia, El Mañana es un Misterio, pero el Hoy es un Obsequio, por eso se llama Presente." 
Pero, repito, hay muchas cosas que ya no se usan; y una que extraño particularmente, es el "Chiflido", el "Silbido", ese "Chiflarle" a la novia para avisarle que la estábamos esperando.
Era ésa una forma de comunicación efectiva, simple e identificable que los modernos medios o modos o formas de comunicación de hoy en día no pueden siquiera acercarse, más ahora que los artilugios electrónicos comunican a los que están lejos e incomunican a los que están cerca.
Vale imaginar la escena que nos tocó vivir, o ser parte de ella como protagonista: 
Es aquella una esquina de cualquier calle, en algún barrio de la ciudad; allí hay un poste, y en ese poste está apoyado un joven. 
Se recarga con estudiada actitud, entre elegante y displicente. Cruza la pierna izquierda sobre la derecha, poniendo el pie de punta sobre el suelo, con los pulgares en los bolsillos del pantalón.
La pregunta para éstos tiempos modernos sería: ¿Qué hace allí ese joven? y la respuesta rápida sería: es quizá un vago sin trabajo, un delincuente, es un gígolo, es tal vez un "dealer" esperando entregar la mercancía a sus furtivos clientes. 
Pero en mis tiempos no había ninguna duda sobre la identidad de ese muchacho: aquél joven recargado en el poste estaba simplemente esperando a su novia.
Ya son las 8 y cuarto y ella no aparece.
La cita era a las 8 en punto porque la chica tiene que estar de regreso en casa a las 10, no más tarde, no más temprano, a las 10 de la noche.
Pero no hay ningún motivo de preocupación: la chica saldrá en punto de las 8 y media, como de costumbre. 
Al joven éso no le molesta, es una regla que todos conocemos y aceptamos, aunque no esté escrita en ningún lado: Las Mujeres y la Felicidad siempre hacen esperar.
La muchacha ya sabe con certeza que su novio está allí esperándola. 
¿Cómo lo sabe, si no se ha movido de su tocador, y el "Whatsapp" aún no se inventa?
Pues lo sabe porque el chico le ha "Chiflado", "Silbado" o como se diga. 
Apenas sonó la ligera campanada del reloj de la sala, anunciando las 8 de la noche, llegó hasta ella aquel "Chiflido" conocido. 
Ella y sólo ella lo conoce, igual que la paloma conoce el "zureo" de su palomo y no lo confunde con ningún otro, así haya en el barrio o colonia una convención internacional de palomas y palomos.
Chifló el chico a las 8 para avisarle que ya estaba allí; y entonces ella empezó a arreglarse. El muchacho chifló de nuevo a las 8 y cuarto, no para apresurarla, sino para comunicarle su amorosa impaciencia, un muy bello piropo a la distancia. 
No habrá una "tercera, tercera llamada" como en el teatro, o como en la conocida llamada a misa; con la puntualidad de un tren inglés, la chica aparecerá en la puerta de su casa a las 8 y media y caminará hacia la esquina con ese paso menudito que a él lo vuelve loco, le provoca tensiones deliciosas en el corazón y le hace sentir mariposas en el... estómago...
De las cosas que ya no se usan, ésta es una de las que más extraño... El "Chiflido"...

sábado, 19 de enero de 2019

Lindas palabras casi nunca usadas...

Palabras bonitas hay muchas que casi nunca las escuchamos; por lo mismo casi nunca las usamos, porque no conocemos bien su significado claro y verdadero; quizá por eso, si las oímos, realmente no las escuchamos… ¿Se’ntiende pues?. Sí, ¿qué no?.
Hace poco escuché una muy muy bonita: “Garigoleado”, (nop, nada tiene que ver con el fútbol, Sorry), era en alusión a unos adornos de madera labrada en un mueble antiguo, muy pesado y por lo mismo, muy costoso. Y que ya en casa, me puse a investigar para saber su real significado (el significado de la palabra “Garigoleado”, no el significado del muy costoso, pasado de moda e inútil ropero, lo de hoy son los “closets”, porque los roperos ya no caben en las casas modernas).
Garigoleo” quiere decir, entonces: “figura de adorno con trazos muy complicados, con detalles excesivos y muy poco útiles”.
Y por esa bella y acertada descripción me acordé del joven “Casitas”; aquél señor de mente maravillosa y memoria prodigiosa pero razonamiento aireado y extraviado que nos alegraba los recesos entre clase y clase en la Facultad de Química en la UACH. 
Hijo él del “excelente y eminente Profe Casitas”, quien era el terror de la mayoría de los estudiantes por sus disertaciones y conferencias casi imposibles de entender que el llamaba “simples clases de Cálculo Integral y Diferencial”.
Pues bien, el tal joven “Casitas” aprovechaba cualquier grupito de estudiantes reunidos para  llegar pidiendo un cigarro y demostrarnos su memoria fotográfica, asombrosa, pero ocupada y llena de datos intrascendentes que nos recitaba a la menor provocación. Del joven “Casitas” se decía que había sido un niño normal pero que su padre, el “eminente Profe Casitas” era el culpable de haberle provocado la pérdida de la razón por forzarlo a ser un matemático ahora sí que “a fuerzas”; quien sabe, nunca supimos el origen de su desvarío, pero si se le “iba la onda” bien feo, de repente se desconectaba de la realidad y le ocurría lo que mi amiga Agnes (mi psicóloga maquilera de cabecera) llama “Dispersión Caprina”, o séa se le van las cabras al monte y, como digo, se le iban bien feo.
En un momento el joven “Casitas” estaba platicandonos algo, amenamente reunidos afuera del puestecito de “El Pirata” (en el puestecito estaba pintado el título ‘El Capitán’ pero todos le decíamos “El Pirata” porque el viejito que atendía tenía una pierna de madera, una “pata de palo” pues) y allí estaba el joven “Casitasrecitándonos un largo listado de Reinas de Belleza “misses Universo” o la historia completa y con lujo de detalles y el palmares incluido de tal equipo de fútbol, o su gran listado de lo que él decía “mis logaritmos preferidos” (no existía entonces el internet, entonces los había memorizado de la famosa “Tabla de Logaritmos”, igual de inútil que complicada; obvio hablo de la famosa tabla, no del internet). Y un momento después perdía el contacto con la realidad y se desconectaba por completo del entorno; entonces se iba y deambulaba hablando para sí mismo mil incoherencias y frases sin sentido, sin sentido para nosotros, pero para él algo significaban, pues las vivía en un propio universo o en su propio plano existencial tan diferente y tan lejano del nuestro, tan diáfano, tan común y tan corriente.
Una de las guasas preferidas de los estudiantes era que le pedíamos que nos hiciera, o nos inventara una “firma” propia, entonces le decíamos:
Yo: -Oye “Casitas”, créame una firma por fas.
Y contestaba el joven “Casitas”, abriendo muchos los ojos y gesticulando excesivamente con sus manos: -“Muy bien, muy bien ¿eh? ¿pos cómo te llamas? ¿eh tú? ¿pos cómo te llamas?
Yo: -“Pos Artu López de la Rosa”.
Y decía: “Muy bien, ¿eh? Muy bien, don ‘Pos Artu López de la Rosa’, ahí te vá…” –y levantaba las manos al aire… todos los concurrentes estábamos con la risa contenida, esperando el resultado tan conocido y siempre tan igual.
Yo: -“Sale ¿eh? “Casitas”, pero que sea una firma bien “Garigoleada” ¿Okey “Casitas”?, ¿Okey, eh “Casitas”? Bien bien “Garigoleada” eh “Casitas”… recuerda “Casitas”, bien bien “Garigoleada” ¿eh? ¿eh?
Y el pobrecillo joven “Casitas” figuraba entonces una complicada rubrica que le tomaba minutos en hacer. Iba y venía haciendo trazos invisibles en el aire; daba vueltas y vueltas siguiendo el rasgueo de la pluma que sólo él podía ver; saltaba para alcanzar una línea alta y se inclinaba luego hasta llegar al suelo para dibujar un giro bajo. Todo en el aire. Tras su ímprobo trabajo, obvio no quedaba nada, absolutamente nada, solo las risas de burla de todos los concurrentes...

A veces me pregunto si no soy yo ese joven “Casitas”.
Me pregunto a veces si no me habré pasado la vida haciendo sólo “Garigoleos” en el aire, donde luego no queda nada, donde luego sólo quedan las risas de burla de todos los concurrentes…

Después hablaré de alguna otra palabra bonita casi en desuso y casi olvidada: “Babuleco”, por ejemplo…

miércoles, 2 de enero de 2019

Año Nuevo, ¿Vida Nueva?... Un Último Recorrido por mi Ciudad…



Un último recorrido por mi Ciudad...
“-Pos ahora andamos tratando de trabajar en la UBER mi Artu; pero la verdad estoy batallando mucho pa'ntender y pa'usar el maldito (o bendito) telefonito celular, mi Artu; pero pos es la herramienta necesaria para los viajes y ya sabes, hay que perseguir de alguna forma la chuleta diaria...”
Así me dijo mi amigo Fredo...
La infaltable música a alto volumen sonaba con algún grupo de rock “intrascendente” porque ni me acuerdo cual era, quizá “Bad Company” o “Foreigner” o algo “soft rock”; pero como siempre, acompañando de fondo lo que se platica en las reuniones de “La Cofradía Rockera”. Claro, todo entremezclado con harta cerveza fría y carne asada como perfecto marco gastronómico; alguien me dijo: No solo de rock vive el hombre, mi Artu... Sabias palabras.
"-Fredo, cuéntame una historia de taxistas..." -Que le animo-. "-Para luego ponerla pública en mi blog, ¿sale? No importa el género, Fredo, tú platica…"
Fredo toda su vida ha sido un “trabajador del volante”; está platicándome sus vivencias con ese su eterno “tic” nervioso de estarse acomodando y acomodando y reacomodando su también eternamente desgastada gorra de beisbol; y con una sonrisa medio desencajada, y con el semblante indeciso de quien no está completamente convencido de estar haciendo lo correcto, pero que al final comprende que hay que trabajar para pagar las cuentas.
Por muchos años Fredo ha sido taxista, empleado de un dueño de taxis. Él, que como muchos otros “taxistas”, nunca pudo juntar el dinero suficiente para pagar y poder tener sus propias placas de servicio público de transporte, ni su propio vehículo para éste tan ahora sufrido empleo, tan expuesto a la inseguridad que hoy en día permea más que nunca en mi Chihuahua capital.
Mi padre y dos de mis hermanos fueron taxistas también, por eso conozco la diferencia entre los riesgos de este trabajo en aquellos años y el riesgo del empleo en la actualidad; la violencia es distinta en mi ciudad, ahora la violencia le pertenece a los narcos, antes no.
En un tiempo fue también chofer de autobús de pasajeros en el servicio urbano Vivebus, pero pronto fue desplazado por los poderosos dueños de esa mafia camionera que hoy en día reinan a su antojo con el lamentable transporte público en mi ciudad.
Fue él, Fredo, el que me trataba de convencer de que: “-No todo es malo en el sistema del Vivebus, mi Artu, pero a pesar de todo, ya es otro probado fracaso del gobierno de la ciudad, copado en su totalidad por la mafia del pulpo camionero.
Aún así, rescaté un poco de lo expuesto por Fredo y estoy preparando un post sobre lo que me dijo, de que: “-No todo es malo en el sistema del Vivebus, mi Artu, pero direccionado a la revista que se publicaba y regalaba en las estaciones, al inicio de este sistema de transporte local...


Entonces ahora es el "chofer taxista" de un dueño de carro UBER y, como inició diciéndome, con graves problemas para usar la tecnología celular tan necesaria hoy, pero que no es de nuestra generación, por eso está literalmente sufriendo para aprender a usarla.

“-Mira mi Artu, te voy a contar una historia que me pasó pa´que la pongas en tu “block”… No es ni de terror ni de fantasía; es a lo mejor tierna, simple o hasta cursi (“fifí” diría nuestro estimado AMLO), es de invierno, de tiempo de frío; es una historia que me pasó los primeros días de un tal Año Nuevo, a ver que te parece…”

Y que me la cuenta, y caí en "cuenta", que la narración de Fredo tenía muchos puntos en común con mi vida personal, curiosamente; o bien Chihuahua es un "ranchito o es un ranchote" y muchas cosas de la vida coinciden si no en el tiempo, si en los sucesos:

“-La despachadora de mi servicio de taxis, me mandó a levantar un pasaje a la populosa colonia Zarco”, por los arquitos del acueducto colonial; era mi último pasaje del día, de allí a casa a descansar, andaba desde los pasajes maquileros de las cinco de la mañana; ya estaba anocheciendo y la ciudad brillaba bella y húmeda por una ligera llovizna que había recién caído..." 
"-Era una casita que se veía estaba en reparación, con andamios y material de construcción afuera. Luego de pitar un par de veces, salió una señora ya mayor de edad, con toda la paciencia del mundo, cargando (casi arrastrando) dos maletas, así que me apuré a bajarme para ayudarle, salió sola y ella cerró su puerta; abrí la cajuela y puse ambas maletas adentro; curiosamente eran muy livianas; hacía frío, la señora llevaba un grueso abrigo verde con bufanda café y  un sombrerito como de velo, parecía un personaje de una película de los años 50’s…"
"-¿A dónde va Señito...? ¿Al aeropuerto, a la central camionera, a la casa de su hijo...?"
"-¡No que va...!" –Dijo la Señito riendo quedito; ya que me fijé más, era en realidad muy anciana-. "-Voy a La Casa de Retiro “Otoño en el barrio de Nombre de Dios, por favor, ¿Sabe usted en dónde es...?"
"-Claro que sí sé Señito, ahorita llegamos rapidito si me voy por el Perifér…"
"-¡No, no, no! –Me interrumpió-. "-Prefiero, si puede, que se vaya por el Centro de la Ciudad; quiero pasar por unos lugares especiales para mí, antes de llegar a la, ahora mi Casa de Retiro, al asilo de ancianos, pues, joven… ¿Si se puede? Le voy a pagar el trayecto largo… ¿Si podremos ir por allí?... ¿Si, joven?..."
"-Claro que sí Señito, por donde me diga me voy…"
Total, era mi último viaje del día, al día siguiente no había pasaje maquilador y la viejita me cayó bien, la neta, así que relax y vámonos por donde la Señito nos diga…
"-¡Gracias joven...! Entonces espere un momento..." -Dijo ella-. "-No tengo prisa, al fin que estoy camino al asilo, me estoy despidiendo ahora de mi casa..."
La miré por el espejo retrovisor, por sus ojos rodaban algunas lágrimas... desde allí se veían los arcos del acueducto con el parque iluminado, brillando todo por la lluvia que había caído.


Nota de Artu: cerca de aquí yo nací, y viví yo de niño pequeño mis primeros 6 años, por la calle Sánchez Álvarez...

Colonia "Arquitos":
"-Aquí junto al Acueducto Colonial, aún en uso, conocí a mi esposo, y aquí vivimos toda la vida, hasta ahora que mi esposo ya no está y mi hijo va a vender la casa y me manda al asilo de ancianos, y mi hija, mi hija, pues quien sabe dónde andará… pero vámonos por "La Avenida Zarco y nos detenemos en el Hospital Palmore un momento, ¿Si...?"


Nota de Artu: también aquí nací yo, y todos mis 7 hermanos...

Frente al Hospital “Palmore”: por la Avenida Zarco:
"-Aquí nacieron mis hijos y aquí mismo, hace unos años, falleció mi esposo, un momentito por favor y luego pasamos por el Santuario de Guadalupe ¿Si?…


Frente al Santuario de Guadalupe:
"-Aquí me casé, joven... Apenas recuerdo que era una noche como ésta, brillante de lluvia recién caída; no fueron muchas personas, ¿sabe joven?, las cosas no andaban bien en mi casa ¿sabe joven?, mi padre no estaba de acuerdo con el casorio y mi madre... pues eran otros tiempos muy duros, donde la mujer era sumisa y no se oponía a lo que dijera el marido; pero aún así me hizo un sencillo pero muy bonito vestido, cremita, no blanco, pues mi hijo ya venía en camino, y pues ella convenció a un cura de aquí para que nos casara... al final mi padre se ablandó un poco, solo un poco con la llegada de los nietos, pero nunca me perdonó, ni cuando falleció, eran señores muy duros de alma entonces, joven... ahora por favor pasemos por la "Peni", por la Biblioteca Municipal y por la calle Aldama, por favor..."


Nota de Artu: a pocas cuadras viví de niño y adolescente, estuve en la escuela primaria a dos cuadras de aquí, hasta trabajé en la farmacia que está enfrente de esta Penitenciaría del Estado... la famosa "Peni..."

Frente a la "Peni", en la Avenida 20 de Noviembre:
"-Aquí trabajó mi esposo de joven, era abogado y ayudó a mucha gente, ¿sabe?; había muchos presos y presas que duraban años y años allí esperando juicio, a muchos nunca les llegaba la justicia, y vivieron y murieron entre esos gruesos muros solo viendo el cielo sobre sus cabezas, pobres gentes... Yo trabajaba en la Biblioteca Municipal en el Parque Lerdo aquí cerca...

f

Nota de Artu: ¡La mueblería Gonter! ¡Es increíble en serio, no lo puedo creer!; ésos jovencitos que salvó el señor ese día éramos dos compañeras de la Secun 5 y yo; que bajamos en plena huida corriendo por la calle Cuarta, cruzamos la Quinta Gameros y bajamos hasta la calle Aldama con los rurales pisándonos los talones; cuando, junto a todos los estudiantes del plantel de la Secun, fuimos desalojados de la Secun 5 con lujo de violencia por las fuerzas policíacas. Escuela que manteníamos ocupadas en desacuerdo con las autoridades universitarias, que estaban haciendo exámenes finales allí, y dejaban muchos destrozos, que los estudiantes (bueno, nuestros padres) teníamos que pagar mediante cuotas obligatorias para poder graduarnos y sólo así conseguir un lugar para estudiar una carrera superior...

"-Estoy ya cansada, joven, llegó el momento de irnos, vamos ya rumbo al asilo, por favor".

Manejé en silencio hacia el destino final, al asilo. 
La ancianita ya iba más tranquila y dibujaba apenas una sonrisa, quizá satisfecha de haberse podido despedir de esos lugares tan especiales para ella, y recordar en memoria a su marido.

El asilo era una pequeña casa, dos asistentes vestidos de color azul bajito vinieron hacia el taxi tan pronto llegamos. Eran muy amables y cuidaban cada uno de los movimientos de la señora. Yo abrí la puerta y suavemente la sentaron en una silla de ruedas.
"-¿Cuánto le debo joven...?" -Preguntó, buscando en su bolso-.
"-Nada Señito, no es nada..." -Le dije-.
"-Es tu trabajo muchacho, debes cobrarme lo justo…"
"-Habrá otros pasajeros, usted no se preocupe Señito..." -Yo le respondí con una muy sincera sonrisa.
Casi sin pensarlo, sentí un gran deseo de abrazarla. Ella me sostuvo con fuerza y dijo: 
"-Necesitábamos ese abrazo joven, Gracias por el maravilloso recorrido por mi Ciudad de Chihuahua tan querida...”
"-Apreté su mano y me despedí sintiendo que nunca más la vería. La puerta se cerró y fue como el sonido de una vida concluida. No recogí ya a ningún pasajero, manejé tranquilo hasta mi casa... Aunque obvio si se lo platiqué, como a tí mi Artu, a mi señora esposa. Y ambos pasamos un rato en silencio, tomados de la mano, asimilando ese muy sentimental suceso..."
"-¿Qué habría pasado Artu, si a la ancianita la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguien que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la ruta que ella quería? ¿Nada?. Nada quizá para mí, pero si mucho para ella..."
"-Luego una vez la visité, Artu, meses después; la ví un poco más acabada pero, eso sí, más tranquila, no estoy  bien seguro si me reconoció, aunque su última mirada al despedirme me dijo que sí, o a lo mejor me lo imaginé o a lo mejor, era lo que yo quería sentir. Allí no le faltaba nada, me dijo, nada material, pensé para mis adentros… Y le pregunté por sus hijos, pero nada me respondió, o todo me lo dijo con una mirada furtiva, mirando con tristeza a otro lado. 
Pero yo luego supe (o La Vida me lo enseñó) que los grandes momentos son los que nos atrapan desprevenidos, aquellos que para otros son sólo pequeños sucesos..."
"-Mi Artu: La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tu hiciste o lo que tú les dijiste... pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir..."

Totalmente de acuerdo contigo, amigo Fredo... Y lo prometido es deuda, aquí lo publico en mi Blog...

lunes, 17 de diciembre de 2018

Venganza, un triste tema revisitado...


El otro día me encontré a un viejo amigo en conocido centro social (cantina, creo le dicen), y nos pusimos a platicar amenamente; así que me comentó que leyó mi relato sobre la "Venganza" que aquí mismo publiqué el mes pasado (pos dónde más...), y me preguntó si recordaba a "Carmencita", aquella muchachita que fue compañera nuestra cuando de jóvenes trabajábamos en "Medical Chihuahua". 
Que recién la había visto en su barrio, y platicando con élla supo que acababa de salir de prisión e intentaba reiniciar su vida.
¡Wow! ¡Qué cosa! ¡Qué recuerdos! ¡Qué cosas de la vida!...
Si me acordé, ambos recordamos que había sido encarcelada porque vengó a su padre.

El padre de "Carmencita" había sido asesinado en un tonto pleito de cantina; al falso calor del valor que da el alcohol, había agredido a un sujeto más fuerte y joven que él y, en defensa propia, el joven aquel había golpeado al señor, quien luego al ir tambaleante a su mesa en la cantina, se le vió caer mientras intentaba sacar de sus ropas una navaja de afeitar, que fué la que le hizo una profunda cortada en el cuello.
Así murió, con el cuello cortado y desangrándose por la herida, un chorro por cada latido del corazón. 
A ese joven no se le procesó porque todo fue, según la concebida investigación, en defensa propia.

Pero el mentado joven no pudo vivir tranquilo; el remordimiento le hizo ir al funeral de aquél pobre señor; allí se dió cuenta que el fallecido tenía una única hija y no tenía esposa, la mujer los había abandonado cuando la niña estaba muy chica, quizá por eso el hombre muerto había tomado esa vida de borrachera y de agresividad desmedida.
La joven era apenas un poco menor que él y supo que élla estaba en precaria necesidad económica; investigó que trabajaba en una oficina pero con un sueldo muy bajo pues no tenía escolaridad suficiente.
Entonces lo que hizo el joven fue irle a pedir perdón a esa jovencita desconocida por él.
Ella al principio no le abrió la puerta. 
Pero después élla algo pensó, el caso es que ante el escándalo de los conocidos del barrio, ella lo recibió y habló con él, y lo escuchó decir que él no tenía culpa, y luego se oyó a sí misma decirle que no era culpable. 
“-¿Me perdona?”. 
“-Sí”. 
Luego él regresó a los pocos días. “-Sé que no tiene a nadie, señorita, y que vivía más bien casi del trabajo de su padre. Me han dicho que ahora pasa necesidad. No quiero ofenderla más de lo que la he ofendido, pero-”. No terminó la frase. Antes de salir apresuradamente de la casa de la joven, como huyendo, dejó algo sobre la mesa. Eran unos billetes. La joven los guardó. 
Una semana después, al terminar la misa, el padre la llamó a la sacristía y le dijo: “Juan, ya sabes a cual Juan me refiero, quiere hablar contigo. Escúchalo y haz lo que tu corazón te diga”. 
Esa tarde el hombre que mató a su padre le pidió que se casara con él. “Quité hombre y ofrezco hombre”. 
Ella no necesitó consultar a nadie. Hizo lo que su corazón le dijo y aceptó el ofrecimiento. La boda fue casi en secreto, un sombrío atardecer, sin más testigos que los testigos necesarios. 
Pero se supo en el barrio, claro. Se le acabaron las amigas. Nadie la saludaba cuando iba por la calle, y en la iglesia la gente se cambiaba de lugar cuando llegaba ella. 
De nada sirvió que el cura dijera un sermón intencionado en el que habló de perdón, de amor al prójimo. 
La gente conocida dictó sentencia y esa gente conocida la condenó por traidora a la memoria de su padre. 
¿Cómo pudo unir su vida a la del asesino del padre que se la dio a élla? 
Pero élla no podía decirle a nadie la verdad. 
No podía decirles que se casó con aquel hombre para tenerlo al alcance de su venganza. Para eso, para vengarse de él, ella le sacrificó su virginidad. Para eso se le entregaba cada noche. Para eso le hacía de comer, y le lavaba la ropa, y lo oía cuando él hablaba, y callaba cuando callaba él. Para eso se hizo su mujer: para poder matarlo algún día. 

Pero algo sucedió que estorbó su venganza. 
Ella se enamoró de él. En realidad él era hombre bueno. La quería; la respetaba; la trataba con cariño. 
Y ella lo deseaba. Sintió vergüenza cuando se dio cuenta de que esperaba con ansia la llegada de la noche para tenerlo con ella, para tenerlo en ella. Y no era sólo el cuerpo el que lo aguardaba: era también el alma. Con el cuerpo gozaba sus caricias; con el alma disfrutaba su presencia. 
Ella supo entonces que lo amaba. 

Una tarde que estaba sola, ella sacó un viejo retrato de su padre, que guardaba en secreto, y entre lágrimas le pidió perdón por amar a su asesino. 
Y entonces le sucedió algo extraño. Le pareció que su padre, que en ese retrato tenía la mirada perdida en el vacío, ahora la miraba fijamente. 

Esa noche él despertó al sentir un punzante dolor en el cuello. 
Abrió los ojos y vio la almohada llena de sangre, un chorro en cada latido del corazón. Frente a él estaba la mujer. Tenía en la mano la navaja de afeitar de su padre. 
Lo último que el joven Juan oyó fue:
“-Perdóname. Te quiero mucho, pero... la venganza-”...

domingo, 16 de diciembre de 2018

La "Seño" de la Tienda, nueva entrega...


La "Seño" de la Tienda, nueva entrega, al final del Año 2018...

"-¿Y cómo te fue pues en éste año que ya va de salida, mi amiga?" -Le pregunto a la Agnes, mi maquilera psicóloga de cabecera.

En el frío ambiente de la Reunión de "La Cofradía Roquera", suena fuerte y a muy buen volumen un tema de un grupo que no logro identificar de momento, por lo que saco mi iphone y con ayuda del "Shazam", descubro que és el excelente grupo ochentero británico Marillion, la canción "Assassing" que viene en el álbum... ¡Ups!... ¡Oh-oh, Oh-oh!... ¡Ya valió...! Voltéo a ver a la Agnes y veo que me mira con unos ojos asesinos a 15 centímetros de los míos y que me miran fijamente y sin pestañar, más asesinos parecen enmarcados por su pelo rojo que...
Cómo mi Artu! -explota la Agnes- ¡¿Me preguntas una cosa muy importante y sin esperar respuesta te clavas en ese mugrero-post-modernista-aparato-apocalíptico llamado iphone?!
-¡Uh disculpa Agnes!, Solo estaba identificando la canción que...
Ja-ja-ja! -la carcajada de Agnes se escucha por encima de la música y el ruido de la reunión, varios compañeros rockeros voltéan a verla, aunque la conocen, como siempre están extrañados de "su loco proceder".
-No te creas mi Artu, estoy bromeando, y sí, que buena esa canción y excelente el grupo Marillion... -y continúa, derrochando buen humor:
-Mira mi Artu, tu sabes que soy una mujer optimista. Eso quiere decir que veo la realidad con los ojos cerrados. Aun así prefiero equivocarme siendo optimista que acertar siendo pesimista. Los pesimistas traen siempre el gesto fruncido (y fruncidas otras partes de su cuerpo) y a menudo sufren de gastritis,  dispepsia y de colon irritable. No cambian el foco que se fundió, pues piensan que el nuevo se fundirá también. Mira, los optimistas quizá seamos ingenuos, pero en todo caso somos "alegremente ingenuos" (éso último lo dijo haciendo con sus dedos las "comillas" en el aire). Conservamos cierta dosis de razón: no creemos vivir en el mejor de los mundos posibles, pero sí pensamos que el mundo en que vivimos es mejor que aquél que vivieron nuestros padres, y queremos que el mundo en dónde vivirán nuestros hijos, sea mejor aún. Quizá alguien no compartirá éste pensamiento (tú sí, mi Artu, tú sí, te conozco y sé que tú sí), sobre todo si consideramos los infinitos males que hoy padece nuestro querido y sufrido México: la pobreza, la corrupción, la impunidad, la violencia del narco, la pobre calidad de la educación escolar y la pobre calidad de la política y de muchos políticos; la voraz partidocracia que sufrimos, y sabiendo también que México depende de las siguientes  cosas (y no necesariamente en éste orden): 1. De La Virgencita de Guadalupe, 2. De La Divina Providencia, 3. De los Estados Unidos, 4. De las lluvias, 5, Del sucio petróleo, 6. De la bendita casualidad, 7. De las manchas solares de Maussan, 8. De las conferencias matutinas de AMLO, 9. De los ciclos envolventes de la Historia, 10. De... en fin, de muchas variantes de esa índole. ¡¿Cuándo México dependerá enteramente de los mexicanos?! Sin embargo, mi Artu, quienes hemos vivido muchos apuros (nos incluimos tú y yo), hemos fortalecido nuestro "instinto de supervivencia" y seguiremos navegando ésta vida siempre con entusiasmo y con optimismo, y siempre el día siguiente, y el año siguiente, serán mejores, ya lo verás, ya lo veremos... Pero basta de cháchara inane de mi parte y mejor cuéntame algo de lo que sucede donde tu vecina, la "Seño" de la Tienda...
Como no tengo nada más que agregarle a la siempre muy interesante disertación de la Agnes, mi maquilera psicóloga de cabecera, le platico alguna de éstas:

Cosas que escucho en la Tiendita de "La Seño":

La encuestadora: -¿Y cuál considera que es su principal defecto?
La "Seño" de la Tienda: -¡Ay! Pos que siempre me meto en conversaciones ajenas, oiga...
La encuestadora: -A usted no-le's-toy-pre-gun-tan-do, "Seño"
La "Seño" de la Tienda: -¡Ay pos perdón! ¡Qué genio, oiga!...

La encuestadora le pregunta (ahora sí) a La "Seño" de la Tienda:
-"Seño", Si pudiera usted invitar a cenar a un "gran" personaje, vivo o muerto: ¿a quién invitaría?
-¡Ay! Pos, o sea, "osbio" que invitaría al vivo, sí, al vivo...

Un cliente le estaba platicando al "Viejo" de La "Seño" de la Tienda:
-Fíjese Don. Pos que voy a ir con el "Dotor" porque encontré a mi mujer en brazos de otro hombre -le contó -. Ella me dijo: ‘Tomemos un café y hablemos’. Al día siguiente la sorprendí otra vez en la cama con un desconocido. Me volvió a decir: ‘Tomemos un café y hablemos’. Y hoy por la mañana la hallé de nuevo en el lecho conyugal con un sujeto. Me repitió: ‘Tomemos un café y hablemos’. 
-Amigo -respondió el "Viejo" de La "Seño" de la Tienda, quitándose la gorra y rascándose la frente:-, ¿Para qué quiere ir usted con un médico si lo que necesita es un abogado de divorcios?”
-Pos voy con el "Dotor" -opuso el cliente- Quiero que me diga si no me irá a hacer daño estar tomando tanto café”... 

Mientras le cobra las cosas que compró, le bromea la "Seño" de la tienda a la maestra de catesismo, hija única y ya madura señorita solterona:

-Y dígame "Señito", ahora que se acerca la "Navidá", ¿ya pensó qué le va a pedir al "Santo Clos"?
-Pues mire "Seño", yo nunca pido nada para mí, pero si le pido que para mi pobrecita madrecita, "Santo Clos" le traiga en ésta Navidad... un yerno, ji-ji, ji-ji, ji-ji...

La joven y guapa sobrina de la "Seño", le está platicando que ya consiguió trabajo aquí en la ciudad como secretaria de un Licenciado.

-Hasta me pretende el socio del Licenciado, tía, nomás que es viejo, gordo y pelón; pero es riquísimo, o sea, muy rico...
-¡Ay! Mija. Pos si es riquísimo, míja, entonces no es ni viejo, ni gordo y ni pelón míja; ahora si que viene siendo: "maduro", "robusto" y de "frente despejada" míja...
-¡Ay! Tía; hasta me dijo que si pasaba un rato agradable con él, me regalaba un reloj...
-¡Ay! Mija, A verlo míja, a verlo...
-¡Ay! Tía...

La clienta presumida estaba pagando algo a La "Seño" una mañana, y en eso que entra a la tienda Jaimilito, el hijo de La "Seño". La "Seño" le dice comedida: 

-Buenos días míjo
Pero el niño se pasó de largo sin responder.
La clienta le dice molesta al niño: 
-¡Niño! ¿Pues no te han enseñaron en la escuela a dar los "Buenos Días"?
-No Doña, no -contesta el tal Jaimilito- Siempre he estado en la escuela en turno vespertino, o sea, voy a la escuela en la tarde...

El "Viejo" de La "Seño" se queda mirando al cliente que va saliendo y menea pensativo la cabeza, quitándose la gorra y rascándose la frente (el "Viejo" de la "Seño", no el cliente).

La "Seño" le pregunta: -Qué "Viejo", qué te platicó ese señor que te "quedates" tan molesto.
-Que me estaba platicando de su esposa, porqué le pregunté que cómo seguía porque se mira algo enferma últimamente; y que me contesta que “-Es difícil vivir con una mujer como la mía. Todos los días se acuesta a las 3 de la mañana”. Que le pregunto: “-¿Pos qué padece insomnio, o qué?”. “-No -me aclaró el ruin sujeto-. Me espera hasta que llego a la casa”…

Mientras cobra mercancías, la "Seño" le pregunta a la joven clienta:

-¿Y luego qué con tu novio míja? Ya tienen tiempo "noviando" ¿Qué no?
-Pos sí "Seño"; ya pensándola bien, mi novio y yo ya estamos perdiendo interés en el sexo, yo creo que ya llegó la hora de casarnos...

La clienta metiche le pregunta a la "Seño" de la Tienda:

-Oiga "Seño", pos ¿porqué estaba su "Viejo" regañando a Jaimilito su hijo?, O sea ¿A por qué?
-Pos lo estaba regañando para que estudie más, le dice que él quiere que Jaimilito tenga lo que él nunca tuvo, o sea, buenas calificaciones, supongo...

-¡Hay mira gemelitas! -emocionada le dice la "Seño" de la Tienda a la clienta que entra cargando a sendas nenitas. -¡¿Y cómo se llaman?!
-Pos una se llama Paz María y la otra Paz Raquel.
-¡Wow! ¡Qué lindos nombres! -sigue la "Seño" emocionada y le pregunta:
-¿Y de dónde le viene ponerles Paz, ese lindo nombre?
-Pos mire "Seño", cuando las concebimos, mi esposo y yo estábamos muy enojados, y nos estábamos reconciliando...
-¡Ah! -exclama la "Seño" que no terminaba de estar visiblemente emocionada- O sea, fue cuando "hicieron las Paces"!!!...
-¡Exacto "Seño", exacto!...

jueves, 1 de noviembre de 2018

Calaverita de "Día de Muertos" 2018


Retomando la tradicional costumbre de escribir "Calaveritas" para el 2 de Noviembre, Día de Muertos 2018...

Recuerda en estas fechas:

"...Los millonarios por su riqueza,
los pobres por su pobreza;
Los jóvenes por su inmadurez, 
los viejos por su vejez;
Los valientes por su aventura
Todos vamos a la sepultura..."