domingo, 17 de marzo de 2019

Ecología obligatoria y Ecología natural...

Ecología, últimas noticias en este Viernes Marzo 15 del 2019:
Ahora hay varios costales de yute donde vamos poniendo las latas vacías de cerveza, que consumimos en buen número en las reuniones de "La Cofradía Rockera"; y hay una bolsota negra donde ponemos los platos y vasos desechables (ahora de cartón, no de plástico) a un lado del asador.
-La Ecología mi Artu, por la Ecología hay que hacer sacrificios -me dice alguien que deposita sus desechables en esos contenedores. 
Bien hecho; pero eso de "hacer sacrificios" no me suena bien, me suena o a secta extremista o a pretexto forzoso, y a fuerzas ni los zapatos entran, si me es permitido ésta inédita expresión.
Conocía yo la noticia de que en mi Chihuahua ya habían prohibido el uso de los popotes de plástico no biodegradable (Congreso del Estado de Chihuahua, Agosto 2018) para bajar el impacto del plástico eterno en el medio ambiente. 
Aunque los popotes que dan en Cinepolis no dicen que sean degradables y puede uno sacarlo del establecimiento (por el tema de la contención), cuantos quieras llevarte y ni quien te diga nada.
Ecológicamente hablando, una cosa es lo natural, lo que hacíamos cotidianamente sin afectar el medio ambiente, y sin realmente saber que lo hacíamos, la verdad.
Así era la vida diaria antes, en nuestra niñez, no había "conciencia ecológica" como la hay ahora; y que luego ahora las juventudes "millennials" nos quieren culpar del estado actual del mundo, ecológicamente hablando.
Y otra cosa completamente diferente, mis amigos, es vernos "obligados" a tomar medidas urgentes de contención ante eventos de alcance mundial para paliar un poco el enorme daño ecológico actual que ha hecho el "progreso moderno", en nuestro entorno local y en general en el "mundo mundial", también si me es permitido utilizar ésta inédita expresión...

Éste pasado Viernes 15 de Marzo 2019, hubo manifestaciones en muchas partes del mundo buscando hacer "conciencia ecológica" del daño al medio ambiente y con eso, la alteración del clima mundial y del calentamiento global en nuestro ahora sufrido y único planeta habitable.

Y fue en Viernes, por la iniciativa de la joven sueca Greta Thunberg que en diciembre del 2018 habló en una asamblea sobre "conciencia sobre el cambio climático" en Polonia, auspiciada por la ONU. La chica lo que hacía en Suecia era negarse a ir a la escuela los Viernes e irse a plantar como protesta afuera del Parlamento sueco, inconforme por la inacción de los gobiernos por frenar el cambio climático. 
Éso de no querer ir a clases los Viernes, es algo común en México, pero se llama "consejo técnico escolar", vil e inútil burocracia gubernamental.
Ahora la chica está nominada para recibir el Premio Nobel de la Paz.
En parte por, como digo, la inacción de los gobiernos del primer mundo y en parte por culpar a las generaciones pasadas por el estado actual del mundo.

Por cierto, dudoso honor éste último (de la nominación al premio Nobel de la Paz) si se le da un vistazo al listado de premiados, donde están varios presidentes y vice presidentes de Estados Unidos (luchadores por la Paz, por favor) y donde hay fallidos mediadores de conflictos de naciones represoras como Israel contra Palestina o en China donde abunda el trabajo forzado infantil y nulos derechos humanos, además del territorio ocupado del Tibet.
Pero veo que como siempre, me he apartado del camino de mi relato, ahora lo retomo...



Hace unos días en un conocido supermercado, que no quiero decir Soriana, la señora "adulta mayor" que empacaba la mercancía le pidió a la joven cajera más bolsas para poner lo que yo compré, la joven cajera le torció la boca y dijo entre dientes: 
- Deberían de traer sus propias bolsas, no tienen "cultura ecológica". Tantas bolsas de plástico no son buenas para nuestro medio ambiente. Éste es ahora nuestro problema. Su generación no puso suficiente cuidado en conservar el medio ambiente...
«-"Niña", es que en nuestros tiempos no había esa moda ecológica, "Niña", ¿'erdá siñor? -dijo tratando de disculparse la pobre señora, y mirándome con ansiosos ojos y buscando en mí algún soporte al regaño generacional de la "Niña" cajera.
Le iba a decir sus verdades a la tal muchachita, pero viendo que no pudo ni siquiera calcular mentalmente lo que me iba a regresar de dinero, mejor me ahorré mi inane comentario.

Ahora bien:

En parte, la joven cajera tenía razón: nuestra generación no tenía esa moda verde ecológica en aquellos tiempos de la anterior centuria, como lo vamos a ver: 

En aquel entonces, las botellas de vidrio de los lácteos, de los refrescos gaseosos y las de la sabrosa y nutritiva cerveza se devolvían a la tienda de la esquina. Las tiendas las enviaban de nuevo a las fábricas para ser lavadas y esterilizadas (dizque, nadie se enfermaba de eso, aunque a veces salían bichos en las botellas rellenas) antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente eran recicladas. Pero la joven cajera y la señora que empacaba tienen razón, no teníamos esta moda verde y de reciclaje en nuestros tiempos, en aquel tiempo era algo normal, regular y natural y nadie se ponía esa bandera verde.



Subíamos todos las escaleras, porque no había escaleras eléctricas como hoy en muchas plazas comerciales ni tampoco las había en las oficinas, como en el actual palacio legislativo y oficinas gubernamentales. 


Íbamos caminando, andando a pie y si le urgía a "la jefa", corriendo a las tiendas de la esquina, en lugar de ir en carros de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 120 metros para ir al Opxo. Pero tiene usted toda la razón Niña cajera. No teníamos la moda verde en nuestros días.


Por aquellos entonces, se lavaban en casa los pañales de los bebés (guácala, por cierto) porque no los había desechables (desechables los pañales, no los bebés). 


Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con gas y electricidad, de ese modo la energía solar y la energía eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. 


Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre estrenando modelitos nuevos de telas derivadas del plástico. Pero están los jóvenes millennials en lo cierto: no teníamos entonces una moda verde en nuestros días.


Entonces teníamos una televisión, o radio, en casa, no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita de máximo 20 pulgadas, no una pantallota del tamaño de la pared. 


En la cocina, molíamos y batíamos a mano, porque no había máquinas eléctricas que lo hicieran por nosotros. 


Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo o en una mudanza, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico de vida casi eterna, o plásticos con burbujas con aire, de esas que mucha gente estressada usan para desestressarse, reventando esas mentadas bolitas. 


En esos tiempos no arrancábamos un motor y quemábamos gasolina sólo para cortar el césped; usábamos una podadora que funcionaba a empujones y jalones, empujones y jalones. 


Hacíamos ejercicio trabajando, o jugando a algo en las calles, al aire libre, en campos y canchas deportivas (beis, fut, rebote, voli, carreras, saltar la cuerda, basquet, caminar, corretear) así que no necesitábamos ir a un gym de paga para correr sobre cintas mecánicas que funcionan con electricidad. Pero claro que está usted en lo cierto Niña cajera: no había en esos tiempos una moda verde, por cierto, Niña cajera millenial, no se mira que usté haga algún ejercicio..


Bebíamos directamente del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico o unicel cada vez que teníamos que tomar agua, además nadie se enfermaba por eso. 

Jugábamos en las calles a mil cosas divertidas, en parvadas de chiquillos que íbamos y veníamos corriendo y haciendo algo ahora casi desaparecido, conviviendo e interactuando unos con otros, unas con otras, unas con otros, unos con otras; no como ahora que se juega encerrado en casa, por internet, consumiendo electricidad y comida chatarra envuelta en envases desechables de plástico; obvio usted, Niña cajera, tiene razón, no había moda verde en esos tiempos.

Recargábamos las plumas para escribir con repuestos con tinta, en lugar de comprar una nueva y botar a la vieja a la basura (a la pluma vieja, aclaro); y cambiábamos las navajas Guillette de afeitar en vez de tirar al bote de la basura toda la maquina razuradora sólo porque la hoja perdió su filo a la segunda usada. 
Pero eso sí, no teníamos una moda verde por entonces, Niña.


En aquellos tiempos, la gente tomaba el autobús (gracias a Dios no existía el fatal Vivebus) y los chiquillos y las chiquillas iban y venían en sus bicicletas a la escuela o andando, caminando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas o el "uber". 

Teníamos un enchufe en cada habitación, no una regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos y artilugios electrónicos; incluyendo secadoras y pinzas para el pelo de las señoritas como usted, Niña cajera. 

Y no necesitábamos un aparatito electrónico recargable cada 3 horas, para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería o restaurante más próximos a tu casa, a menos de un kilómetro de distancia.


Así que me parece lógico que la actual generación se queje continuamente de lo irresponsables que éramos los ahora adultos por no tener esta maravillosa moda verde en nuestros tiempos.

Y ya de salida, compré una bolsa reusable, ecológica, de tela, no de plástico; y ¿qué hizo mi amiga la Niña cajera millenial? Pos ponérmela en una bolsa de plástico...

Transcribo el discurso de la joven Greta en La Cumbre Sobre Cambio Climático COP24 en Agosto del 2018:

Mi nombre es Greta Thunberg. Tengo 15 años. Soy de Suecia.
Hablo en nombre de Climate Justice Now.
Mucha gente dice que Suecia es solo un país pequeño y no importa lo que hagamos.
Pero he aprendido que nunca eres demasiado pequeño para marcar la diferencia.
Y si algunos niños pueden generar titulares en todo el mundo simplemente por no ir a la escuela, entonces imaginen lo que todos podríamos hacer juntos si realmente quisiéramos. Pero para hacer eso, tenemos que hablar con claridad, no importa lo incómodo que pueda ser.
Ustedes solo hablan de crecimiento verde [crecimiento económico sostenible] porque tienen demasiado miedo de ser impopulares. Solo hablan de seguir adelante con las mismas malas ideas que nos metieron en este lío, incluso cuando lo único sensato que pueden hacer es poner el freno de emergencia.
No son lo suficientemente maduros como para contar las cosas como son. Incluso esa carga la dejan para sus hijos. Pero a mí no me importa ser popular. Me preocupo por la justicia climática y por el planeta.
Nuestra civilización está siendo sacrificada por la oportunidad de que un número muy pequeño de personas continúe haciendo enormes cantidades de dinero.
Nuestra biosfera  se está sacrificando para que las personas ricas en países como el mío puedan vivir en el lujo. Son los sufrimientos de muchos los que pagan por los lujos de unos pocos.
El año 2078, celebraré mi 75 cumpleaños. Si tengo hijos tal vez pasen ese día conmigo. Tal vez me pregunten por ustedes. Tal vez te pregunten por qué no hicieron nada mientras aún había tiempo para actuar.
Ustedes dicen que aman a sus hijos por encima de todo, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos.
Hasta que no comiencen a centrarse en lo que debe hacerse en lugar de lo que es políticamente posible, no habrá esperanza. No podemos resolver una crisis sin tratarla como una crisis.
Necesitamos mantener los combustibles fósiles en el suelo y debemos centrarnos en la equidad. Y si las soluciones dentro del sistema son tan imposibles de encontrar, tal vez deberíamos cambiar el sistema en sí mismo.
No hemos venido aquí para rogar a los líderes mundiales que se preocupen. Nos han ignorado en el pasado y nos volverán a ignorar.
Nos hemos quedado sin excusas y nos estamos quedando sin tiempo.
Hemos venido aquí para hacerles saber que el cambio está llegando, les guste o no. El verdadero poder pertenece a la gente.

Gracias

jueves, 28 de febrero de 2019

Un Viaje con "Angelito"


Acompañé a un amigo al funeral de su pequeña nieta; que falleció a los 14 meses por un mal congénito del corazón. 
Nunca serán suficientes los "Pésames" que sentidamente uno les exprese en una situación así.
Pero, aún así, de nuevo reitero Mi Más Sentido Pésame, a Mina tu hija, a su esposo, a tu esposa y a tí, mi amigo...

Durante el velatorio, mi amigo me dijo, mientras estábamos mirando a la pequeña tras el cristal del también pequeño ataúd:
"-¿Recuerdas mi Artu, cuando de jóvenes hicimos aquél viaje a la sierra dónde conocimos al "Angelito" aquél...?"
Si que lo recordaba, y más en estos penosos momentos, ese recuerdo me ha acompañado de siempre, y en los funerales a los que he ido, regresa siempre a mi memoria; y prosiguió mi amigo:
"-Nunca pensé que yo me preguntara lo mismo que esa noche nos preguntó la señora aquella. Cuenta la historia, mi Artu, cuéntala por favor, quizá alguien ya tenga alguna respuesta que, aquella vez lejos en el tiempo, sigue sin respuesta para mí."
Y sigue sin respuesta para mí también; el tiempo no puede generar una respuesta a una pregunta como aquella.
Si poco sabemos de la vida, nada sabemos de su eterna compañera, la muerte.

Así era la historia aquella: 

Cuando éramos jóvenes, aprovechábamos cualquier tiempo de vacaciones para ir a La Sierra Tarahumara, a Las Barrancas del Cobre, a La Cascada de Basaseachi; sólo nos juntábamos dos o tres amigos, a veces más y nos íbamos mochila a la espalda, a visitar a la belleza natural que tenemos en el estado de Chihuahua. Era un viaje de bajo costo porque hacíamos mucho recorrido "de aventón", forma de viajar hoy imposible por la inseguridad que el narco mantiene en toda la zona serrana; qué lástima...
Ésa vez íbamos hacia La Cascada de Basaseachi a casi 300 Km de la ciudad de Chihuahua capital. Nos habíamos ido en el tren carguero hasta la ciudad de "La Junta", de trampa, obvio; ésa ciudad está quizá a mitad del camino, y de allí esperábamos tomar un "aventón" en algún camión carguero de los muchos que circulan por allí en la carretera 16.

Tuvimos mala suerte ese día y agarramos aventón ya tarde casi empezando a anochecer. El camionero aquel era un señor adulto mayor muy buena onda, muy "platicador" y más "malhablado" que  cualquier actual comediante de Monterrey (donde dicen que en esa ciudad, Monterrey, ya hay más comediantes y comediantas malhablados que taxistas). Pasando el poblado de "Tomochi", el camionero nos dijo que iba a detenerse sólo un momento en una ranchería que quedaba a un lado de la carretera:
"-Voy a saludar a unos compadres que tienen "Angelito-Nos dijo con gesto sombrío-.
Nunca habíamos oído esa expresión, así que aceptamos calladamente. 

Por un pedregoso camino llegamos a un caserío mal iluminado por unos focos sucios y amarillentos. Casi al final de la calle principal se miraba algo de gente afuera de una casa. El camionero nos invitó a acompañarlo. Entramos a un lugar iluminado por velas y allí, al centro sobre una mesa de madera, estaba tendido el cuerpecito de un niño muy pequeño. Parecía que dormía, con un vestidito blanco blanco y una corona de flores, a pesar de que se veía que era un baroncito. 

Pero el niñito no dormía, estaba muerto; si estuviera vivo, estaría en su cuna, que se miraba vacía y desnuda, arrinconada en la semi oscuridad de aquel lugar. Miramos a hombres con los ojos sombríos sentados en el suelo, recargados en las desnudas paredes de barro seco. Silenciosos bebían de una botella que iban pasando de mano en mano. Tomamos un lugar junto al hueco de una puerta y el camionero nos dijo: 
"-Sólo nos quedaremos un ratito y luego retomaremos el camino, porque voy retrasado..."

Bebimos varias veces de esa botella de fuerte licor, alcohol barato pero que quita el frío que se siente en esas noches serranas por siempre de los siempes, heladas.

Varias mujeres de todas las edades estaban de pie alrededor del "Angelito", rezando quedamente y susurrando frases que no alcanzamos a escuchar. Quienes iban llegando saludaban ceremoniosamente a un hombre de cara y gesto toscos y a una mujer de mirada triste, siempre mirando al piso. Los abrazaban tocándoles apenas los hombros, e inclinaban la cabeza ante ellos; los que traían sombrero, se lo quitaban y lo movían, nerviosos, entre sus dedos. 

Todos les murmuraban lo mismo: "Pos que el "Angelito" se miraba muy chulo con su vestidito blanco de "Angelito"; Pos que ya tienen un "Angelito" en el cielo y que ese "Angelito" los va a cuidar desde allá; Pos que solo Dios sabe porqué hace esas "sus cosas", Pos que... pero el hombre no cambiaba su semblante hosco y la mujer no deja de mirar tristemente hacia el piso de tierra apisonada.

El aire se puso muy espeso, por lo que los tres salimos a tomar un poco de aire fresco de la fría noche. Tras nosotros salió también la mujer de mirada triste y se dirigió a nosotros tres:
"-Hola Jóvenes de la "ciudá" -Que nos habla con timidez-. "-Nos dice el compadre Chon (el camionero) que ustedes son estudiantes de la "universidá" y que seguramente han leído "munchos" libros y saben "munchas" cosas que acá en el pueblo nunca llegan. Perdonen "astedes" la pregunta..." -Nos dice luego de una larga pausa, sin subir del suelo la triste mirada- "-¿A porqué se mueren los niños...? Yo nomás tenía éste, y lo cuidábamos requete mucho, y se me murió. ¿Porqué sería, jóvenes, porqué...?"

Los tres escuchamos esa pregunta: como venida del fin del mundo, como venida de una galaxia muy muy lejana, como venida del final del tiempo. Solo alcanzamos a mirarnos los unos a los otros a decir cosas como: "-Es la voluntad divina, seño" -Dice uno de nosotros-. "-Las enfermedades atacan más a los niñitos pequeños" -Balbuceo yo-. "-Mire seño, seguramente Dios le mandará pronto otro hijo..." Y otras vaciedades dichas porque estamos completamente rebasados por esa situación y nunca tendríamos una respuesta preparada para esa pregunta hecha por ésa mujer tan... única...
"-No jóvenes, no..." -Nos contó, sollozando quedamente y con la mirada baja- "-Cuando tuve éste que se me murió, quedé muy lastimada de "los adentros". Y me dijo la partera que ya no tendré otra criaturita... Y por éstas tierras los maridos largan a las mujeres que no pueden tener hijos y se consiguen a otra que sí..."

Y ahora, en silencio y mirando los tres ese cielo espléndidamente estrellado de la fría noche serrana, nos preguntamos si realmente alguien en este ancho mundo, tendrá respuesta válida y razonable para darla a ésta mujer que sufre la pérdida injusta de su hijo y su rechazo natural a tenerlo de "Angelito" en el cielo...

Ahora, a pesar de todos los estudios, y a pesar de todos los libros leídos, y a pesar de vivir en la "ciudá", nos damos cuenta de que, como dije al principio: poco sabemos de la vida, y nada sabemos de su eterna compañera, la muerte...

martes, 19 de febrero de 2019

Antiguas prácticas que extraño...

Muchas cosas ya no se usan y se extrañan. 
No diré que tiempos pasados fueron mejores; porque de sobra sé que el "Presente" es el tiempo perfecto, porque "siempre" estamos viviendo en él, en el "Presente".
El "Pasado" ya tuvo su oportunidad de ser y el "Futuro" una esperanza será; pero lo de hoy y lo del día a día, será el "Presente". 
Vale recordar entonces aquello de: 
"El Ayer es Historia, El Mañana es un Misterio, pero el Hoy es un Obsequio, por eso se llama Presente." 
Pero, repito, hay muchas cosas que ya no se usan; y una que extraño particularmente, es el "Chiflido", el "Silbido", ese "Chiflarle" a la novia para avisarle que la estábamos esperando.
Era ésa una forma de comunicación efectiva, simple e identificable que los modernos medios o modos o formas de comunicación de hoy en día no pueden siquiera acercarse, más ahora que los artilugios electrónicos comunican a los que están lejos e incomunican a los que están cerca.
Vale imaginar la escena que nos tocó vivir, o ser parte de ella como protagonista: 
Es aquella una esquina de cualquier calle, en algún barrio de la ciudad; allí hay un poste, y en ese poste está apoyado un joven. 
Se recarga con estudiada actitud, entre elegante y displicente. Cruza la pierna izquierda sobre la derecha, poniendo el pie de punta sobre el suelo, con los pulgares en los bolsillos del pantalón.
La pregunta para éstos tiempos modernos sería: ¿Qué hace allí ese joven? y la respuesta rápida sería: es quizá un vago sin trabajo, un delincuente, es un gígolo, es tal vez un "dealer" esperando entregar la mercancía a sus furtivos clientes. 
Pero en mis tiempos no había ninguna duda sobre la identidad de ese muchacho: aquél joven recargado en el poste estaba simplemente esperando a su novia.
Ya son las 8 y cuarto y ella no aparece.
La cita era a las 8 en punto porque la chica tiene que estar de regreso en casa a las 10, no más tarde, no más temprano, a las 10 de la noche.
Pero no hay ningún motivo de preocupación: la chica saldrá en punto de las 8 y media, como de costumbre. 
Al joven éso no le molesta, es una regla que todos conocemos y aceptamos, aunque no esté escrita en ningún lado: Las Mujeres y la Felicidad siempre hacen esperar.
La muchacha ya sabe con certeza que su novio está allí esperándola. 
¿Cómo lo sabe, si no se ha movido de su tocador, y el "Whatsapp" aún no se inventa?
Pues lo sabe porque el chico le ha "Chiflado", "Silbado" o como se diga. 
Apenas sonó la ligera campanada del reloj de la sala, anunciando las 8 de la noche, llegó hasta ella aquel "Chiflido" conocido. 
Ella y sólo ella lo conoce, igual que la paloma conoce el "zureo" de su palomo y no lo confunde con ningún otro, así haya en el barrio o colonia una convención internacional de palomas y palomos.
Chifló el chico a las 8 para avisarle que ya estaba allí; y entonces ella empezó a arreglarse. El muchacho chifló de nuevo a las 8 y cuarto, no para apresurarla, sino para comunicarle su amorosa impaciencia, un muy bello piropo a la distancia. 
No habrá una "tercera, tercera llamada" como en el teatro, o como en la conocida llamada a misa; con la puntualidad de un tren inglés, la chica aparecerá en la puerta de su casa a las 8 y media y caminará hacia la esquina con ese paso menudito que a él lo vuelve loco, le provoca tensiones deliciosas en el corazón y le hace sentir mariposas en el... estómago...
De las cosas que ya no se usan, ésta es una de las que más extraño... El "Chiflido"...

sábado, 19 de enero de 2019

Lindas palabras casi nunca usadas...

Palabras bonitas hay muchas que casi nunca las escuchamos; por lo mismo casi nunca las usamos, porque no conocemos bien su significado claro y verdadero; quizá por eso, si las oímos, realmente no las escuchamos… ¿Se’ntiende pues?. Sí, ¿qué no?.
Hace poco escuché una muy muy bonita: “Garigoleado”, (nop, nada tiene que ver con el fútbol, Sorry), era en alusión a unos adornos de madera labrada en un mueble antiguo, muy pesado y por lo mismo, muy costoso. Y que ya en casa, me puse a investigar para saber su real significado (el significado de la palabra “Garigoleado”, no el significado del muy costoso, pasado de moda e inútil ropero, lo de hoy son los “closets”, porque los roperos ya no caben en las casas modernas).
Garigoleo” quiere decir, entonces: “figura de adorno con trazos muy complicados, con detalles excesivos y muy poco útiles”.
Y por esa bella y acertada descripción me acordé del joven “Casitas”; aquél señor de mente maravillosa y memoria prodigiosa pero razonamiento aireado y extraviado que nos alegraba los recesos entre clase y clase en la Facultad de Química en la UACH. 
Hijo él del “excelente y eminente Profe Casitas”, quien era el terror de la mayoría de los estudiantes por sus disertaciones y conferencias casi imposibles de entender que el llamaba “simples clases de Cálculo Integral y Diferencial”.
Pues bien, el tal joven “Casitas” aprovechaba cualquier grupito de estudiantes reunidos para  llegar pidiendo un cigarro y demostrarnos su memoria fotográfica, asombrosa, pero ocupada y llena de datos intrascendentes que nos recitaba a la menor provocación. Del joven “Casitas” se decía que había sido un niño normal pero que su padre, el “eminente Profe Casitas” era el culpable de haberle provocado la pérdida de la razón por forzarlo a ser un matemático ahora sí que “a fuerzas”; quien sabe, nunca supimos el origen de su desvarío, pero si se le “iba la onda” bien feo, de repente se desconectaba de la realidad y le ocurría lo que mi amiga Agnes (mi psicóloga maquilera de cabecera) llama “Dispersión Caprina”, o séa se le van las cabras al monte y, como digo, se le iban bien feo.
En un momento el joven “Casitas” estaba platicandonos algo, amenamente reunidos afuera del puestecito de “El Pirata” (en el puestecito estaba pintado el título ‘El Capitán’ pero todos le decíamos “El Pirata” porque el viejito que atendía tenía una pierna de madera, una “pata de palo” pues) y allí estaba el joven “Casitasrecitándonos un largo listado de Reinas de Belleza “misses Universo” o la historia completa y con lujo de detalles y el palmares incluido de tal equipo de fútbol, o su gran listado de lo que él decía “mis logaritmos preferidos” (no existía entonces el internet, entonces los había memorizado de la famosa “Tabla de Logaritmos”, igual de inútil que complicada; obvio hablo de la famosa tabla, no del internet). Y un momento después perdía el contacto con la realidad y se desconectaba por completo del entorno; entonces se iba y deambulaba hablando para sí mismo mil incoherencias y frases sin sentido, sin sentido para nosotros, pero para él algo significaban, pues las vivía en un propio universo o en su propio plano existencial tan diferente y tan lejano del nuestro, tan diáfano, tan común y tan corriente.
Una de las guasas preferidas de los estudiantes era que le pedíamos que nos hiciera, o nos inventara una “firma” propia, entonces le decíamos:
Yo: -Oye “Casitas”, créame una firma por fas.
Y contestaba el joven “Casitas”, abriendo muchos los ojos y gesticulando excesivamente con sus manos: -“Muy bien, muy bien ¿eh? ¿pos cómo te llamas? ¿eh tú? ¿pos cómo te llamas?
Yo: -“Pos Artu López de la Rosa”.
Y decía: “Muy bien, ¿eh? Muy bien, don ‘Pos Artu López de la Rosa’, ahí te vá…” –y levantaba las manos al aire… todos los concurrentes estábamos con la risa contenida, esperando el resultado tan conocido y siempre tan igual.
Yo: -“Sale ¿eh? “Casitas”, pero que sea una firma bien “Garigoleada” ¿Okey “Casitas”?, ¿Okey, eh “Casitas”? Bien bien “Garigoleada” eh “Casitas”… recuerda “Casitas”, bien bien “Garigoleada” ¿eh? ¿eh?
Y el pobrecillo joven “Casitas” figuraba entonces una complicada rubrica que le tomaba minutos en hacer. Iba y venía haciendo trazos invisibles en el aire; daba vueltas y vueltas siguiendo el rasgueo de la pluma que sólo él podía ver; saltaba para alcanzar una línea alta y se inclinaba luego hasta llegar al suelo para dibujar un giro bajo. Todo en el aire. Tras su ímprobo trabajo, obvio no quedaba nada, absolutamente nada, solo las risas de burla de todos los concurrentes...

A veces me pregunto si no soy yo ese joven “Casitas”.
Me pregunto a veces si no me habré pasado la vida haciendo sólo “Garigoleos” en el aire, donde luego no queda nada, donde luego sólo quedan las risas de burla de todos los concurrentes…

Después hablaré de alguna otra palabra bonita casi en desuso y casi olvidada: “Babuleco”, por ejemplo…

miércoles, 2 de enero de 2019

Año Nuevo, ¿Vida Nueva?... Un Último Recorrido por mi Ciudad…



Un último recorrido por mi Ciudad...
“-Pos ahora andamos tratando de trabajar en la UBER mi Artu; pero la verdad estoy batallando mucho pa'ntender y pa'usar el maldito (o bendito) telefonito celular, mi Artu; pero pos es la herramienta necesaria para los viajes y ya sabes, hay que perseguir de alguna forma la chuleta diaria...”
Así me dijo mi amigo Fredo...
La infaltable música a alto volumen sonaba con algún grupo de rock “intrascendente” porque ni me acuerdo cual era, quizá “Bad Company” o “Foreigner” o algo “soft rock”; pero como siempre, acompañando de fondo lo que se platica en las reuniones de “La Cofradía Rockera”. Claro, todo entremezclado con harta cerveza fría y carne asada como perfecto marco gastronómico; alguien me dijo: No solo de rock vive el hombre, mi Artu... Sabias palabras.
"-Fredo, cuéntame una historia de taxistas..." -Que le animo-. "-Para luego ponerla pública en mi blog, ¿sale? No importa el género, Fredo, tú platica…"
Fredo toda su vida ha sido un “trabajador del volante”; está platicándome sus vivencias con ese su eterno “tic” nervioso de estarse acomodando y acomodando y reacomodando su también eternamente desgastada gorra de beisbol; y con una sonrisa medio desencajada, y con el semblante indeciso de quien no está completamente convencido de estar haciendo lo correcto, pero que al final comprende que hay que trabajar para pagar las cuentas.
Por muchos años Fredo ha sido taxista, empleado de un dueño de taxis. Él, que como muchos otros “taxistas”, nunca pudo juntar el dinero suficiente para pagar y poder tener sus propias placas de servicio público de transporte, ni su propio vehículo para éste tan ahora sufrido empleo, tan expuesto a la inseguridad que hoy en día permea más que nunca en mi Chihuahua capital.
Mi padre y dos de mis hermanos fueron taxistas también, por eso conozco la diferencia entre los riesgos de este trabajo en aquellos años y el riesgo del empleo en la actualidad; la violencia es distinta en mi ciudad, ahora la violencia le pertenece a los narcos, antes no.
En un tiempo fue también chofer de autobús de pasajeros en el servicio urbano Vivebus, pero pronto fue desplazado por los poderosos dueños de esa mafia camionera que hoy en día reinan a su antojo con el lamentable transporte público en mi ciudad.
Fue él, Fredo, el que me trataba de convencer de que: “-No todo es malo en el sistema del Vivebus, mi Artu, pero a pesar de todo, ya es otro probado fracaso del gobierno de la ciudad, copado en su totalidad por la mafia del pulpo camionero.
Aún así, rescaté un poco de lo expuesto por Fredo y estoy preparando un post sobre lo que me dijo, de que: “-No todo es malo en el sistema del Vivebus, mi Artu, pero direccionado a la revista que se publicaba y regalaba en las estaciones, al inicio de este sistema de transporte local...


Entonces ahora es el "chofer taxista" de un dueño de carro UBER y, como inició diciéndome, con graves problemas para usar la tecnología celular tan necesaria hoy, pero que no es de nuestra generación, por eso está literalmente sufriendo para aprender a usarla.

“-Mira mi Artu, te voy a contar una historia que me pasó pa´que la pongas en tu “block”… No es ni de terror ni de fantasía; es a lo mejor tierna, simple o hasta cursi (“fifí” diría nuestro estimado AMLO), es de invierno, de tiempo de frío; es una historia que me pasó los primeros días de un tal Año Nuevo, a ver que te parece…”

Y que me la cuenta, y caí en "cuenta", que la narración de Fredo tenía muchos puntos en común con mi vida personal, curiosamente; o bien Chihuahua es un "ranchito o es un ranchote" y muchas cosas de la vida coinciden si no en el tiempo, si en los sucesos:

“-La despachadora de mi servicio de taxis, me mandó a levantar un pasaje a la populosa colonia Zarco”, por los arquitos del acueducto colonial; era mi último pasaje del día, de allí a casa a descansar, andaba desde los pasajes maquileros de las cinco de la mañana; ya estaba anocheciendo y la ciudad brillaba bella y húmeda por una ligera llovizna que había recién caído..." 
"-Era una casita que se veía estaba en reparación, con andamios y material de construcción afuera. Luego de pitar un par de veces, salió una señora ya mayor de edad, con toda la paciencia del mundo, cargando (casi arrastrando) dos maletas, así que me apuré a bajarme para ayudarle, salió sola y ella cerró su puerta; abrí la cajuela y puse ambas maletas adentro; curiosamente eran muy livianas; hacía frío, la señora llevaba un grueso abrigo verde con bufanda café y  un sombrerito como de velo, parecía un personaje de una película de los años 50’s…"
"-¿A dónde va Señito...? ¿Al aeropuerto, a la central camionera, a la casa de su hijo...?"
"-¡No que va...!" –Dijo la Señito riendo quedito; ya que me fijé más, era en realidad muy anciana-. "-Voy a La Casa de Retiro “Otoño en el barrio de Nombre de Dios, por favor, ¿Sabe usted en dónde es...?"
"-Claro que sí sé Señito, ahorita llegamos rapidito si me voy por el Perifér…"
"-¡No, no, no! –Me interrumpió-. "-Prefiero, si puede, que se vaya por el Centro de la Ciudad; quiero pasar por unos lugares especiales para mí, antes de llegar a la, ahora mi Casa de Retiro, al asilo de ancianos, pues, joven… ¿Si se puede? Le voy a pagar el trayecto largo… ¿Si podremos ir por allí?... ¿Si, joven?..."
"-Claro que sí Señito, por donde me diga me voy…"
Total, era mi último viaje del día, al día siguiente no había pasaje maquilador y la viejita me cayó bien, la neta, así que relax y vámonos por donde la Señito nos diga…
"-¡Gracias joven...! Entonces espere un momento..." -Dijo ella-. "-No tengo prisa, al fin que estoy camino al asilo, me estoy despidiendo ahora de mi casa..."
La miré por el espejo retrovisor, por sus ojos rodaban algunas lágrimas... desde allí se veían los arcos del acueducto con el parque iluminado, brillando todo por la lluvia que había caído.


Nota de Artu: cerca de aquí yo nací, y viví yo de niño pequeño mis primeros 6 años, por la calle Sánchez Álvarez...

Colonia "Arquitos":
"-Aquí junto al Acueducto Colonial, aún en uso, conocí a mi esposo, y aquí vivimos toda la vida, hasta ahora que mi esposo ya no está y mi hijo va a vender la casa y me manda al asilo de ancianos, y mi hija, mi hija, pues quien sabe dónde andará… pero vámonos por "La Avenida Zarco y nos detenemos en el Hospital Palmore un momento, ¿Si...?"


Nota de Artu: también aquí nací yo, y todos mis 7 hermanos...

Frente al Hospital “Palmore”: por la Avenida Zarco:
"-Aquí nacieron mis hijos y aquí mismo, hace unos años, falleció mi esposo, un momentito por favor y luego pasamos por el Santuario de Guadalupe ¿Si?…


Frente al Santuario de Guadalupe:
"-Aquí me casé, joven... Apenas recuerdo que era una noche como ésta, brillante de lluvia recién caída; no fueron muchas personas, ¿sabe joven?, las cosas no andaban bien en mi casa ¿sabe joven?, mi padre no estaba de acuerdo con el casorio y mi madre... pues eran otros tiempos muy duros, donde la mujer era sumisa y no se oponía a lo que dijera el marido; pero aún así me hizo un sencillo pero muy bonito vestido, cremita, no blanco, pues mi hijo ya venía en camino, y pues ella convenció a un cura de aquí para que nos casara... al final mi padre se ablandó un poco, solo un poco con la llegada de los nietos, pero nunca me perdonó, ni cuando falleció, eran señores muy duros de alma entonces, joven... ahora por favor pasemos por la "Peni", por la Biblioteca Municipal y por la calle Aldama, por favor..."


Nota de Artu: a pocas cuadras viví de niño y adolescente, estuve en la escuela primaria a dos cuadras de aquí, hasta trabajé en la farmacia que está enfrente de esta Penitenciaría del Estado... la famosa "Peni..."

Frente a la "Peni", en la Avenida 20 de Noviembre:
"-Aquí trabajó mi esposo de joven, era abogado y ayudó a mucha gente, ¿sabe?; había muchos presos y presas que duraban años y años allí esperando juicio, a muchos nunca les llegaba la justicia, y vivieron y murieron entre esos gruesos muros solo viendo el cielo sobre sus cabezas, pobres gentes... Yo trabajaba en la Biblioteca Municipal en el Parque Lerdo aquí cerca...

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Nota de Artu: ¡La mueblería Gonter! ¡Es increíble en serio, no lo puedo creer!; ésos jovencitos que salvó el señor ese día éramos dos compañeras de la Secun 5 y yo; que bajamos en plena huida corriendo por la calle Cuarta, cruzamos la Quinta Gameros y bajamos hasta la calle Aldama con los rurales pisándonos los talones; cuando, junto a todos los estudiantes del plantel de la Secun, fuimos desalojados de la Secun 5 con lujo de violencia por las fuerzas policíacas. Escuela que manteníamos ocupadas en desacuerdo con las autoridades universitarias, que estaban haciendo exámenes finales allí, y dejaban muchos destrozos, que los estudiantes (bueno, nuestros padres) teníamos que pagar mediante cuotas obligatorias para poder graduarnos y sólo así conseguir un lugar para estudiar una carrera superior...

"-Estoy ya cansada, joven, llegó el momento de irnos, vamos ya rumbo al asilo, por favor".

Manejé en silencio hacia el destino final, al asilo. 
La ancianita ya iba más tranquila y dibujaba apenas una sonrisa, quizá satisfecha de haberse podido despedir de esos lugares tan especiales para ella, y recordar en memoria a su marido.

El asilo era una pequeña casa, dos asistentes vestidos de color azul bajito vinieron hacia el taxi tan pronto llegamos. Eran muy amables y cuidaban cada uno de los movimientos de la señora. Yo abrí la puerta y suavemente la sentaron en una silla de ruedas.
"-¿Cuánto le debo joven...?" -Preguntó, buscando en su bolso-.
"-Nada Señito, no es nada..." -Le dije-.
"-Es tu trabajo muchacho, debes cobrarme lo justo…"
"-Habrá otros pasajeros, usted no se preocupe Señito..." -Yo le respondí con una muy sincera sonrisa.
Casi sin pensarlo, sentí un gran deseo de abrazarla. Ella me sostuvo con fuerza y dijo: 
"-Necesitábamos ese abrazo joven, Gracias por el maravilloso recorrido por mi Ciudad de Chihuahua tan querida...”
"-Apreté su mano y me despedí sintiendo que nunca más la vería. La puerta se cerró y fue como el sonido de una vida concluida. No recogí ya a ningún pasajero, manejé tranquilo hasta mi casa... Aunque obvio si se lo platiqué, como a tí mi Artu, a mi señora esposa. Y ambos pasamos un rato en silencio, tomados de la mano, asimilando ese muy sentimental suceso..."
"-¿Qué habría pasado Artu, si a la ancianita la hubiese recogido un conductor malhumorado o alguien que estuviera impaciente por terminar su turno?, ¿Qué habría pasado si me hubiera rehusado a tomar la ruta que ella quería? ¿Nada?. Nada quizá para mí, pero si mucho para ella..."
"-Luego una vez la visité, Artu, meses después; la ví un poco más acabada pero, eso sí, más tranquila, no estoy  bien seguro si me reconoció, aunque su última mirada al despedirme me dijo que sí, o a lo mejor me lo imaginé o a lo mejor, era lo que yo quería sentir. Allí no le faltaba nada, me dijo, nada material, pensé para mis adentros… Y le pregunté por sus hijos, pero nada me respondió, o todo me lo dijo con una mirada furtiva, mirando con tristeza a otro lado. 
Pero yo luego supe (o La Vida me lo enseñó) que los grandes momentos son los que nos atrapan desprevenidos, aquellos que para otros son sólo pequeños sucesos..."
"-Mi Artu: La gente tal vez no recuerde exactamente lo que tu hiciste o lo que tú les dijiste... pero siempre recordarán cómo los hiciste sentir..."

Totalmente de acuerdo contigo, amigo Fredo... Y lo prometido es deuda, aquí lo publico en mi Blog...